María Antonieta: qué comió la última reina de Francia antes de morir

Retrato de María Antonieta de Austria, última reina de Francia antes de la Revolución Francesa

María Antonieta de Austria, la última reina de Francia, pasó de celebrar fastuosos banquetes en Versalles a tomar caldo con sus manos temblorosas en la lúgubre prisión de la Conciergerie. El 16 de octubre de 1793, a las 12:15 del mediodía, la guillotina segó su vida cuando faltaban apenas 17 días para que cumpliera 38 años. Pero más allá de los mitos sobre sus excesos y su amor por el chocolate, los testimonios de quienes la vieron en sus últimas horas revelan una realidad estremecedora: tenían ante sus ojos a una mujer con depresión que apenas pudo tragar unas cucharadas de caldo antes de enfrentarse a su destino fatal. Su cadáver, con las manos atadas y la cabeza entre las piernas, fue arrojado a una fosa común junto a Luis XVI y cubierto con cal viva. Hoy sus restos descansan en la Basílica de Saint-Denis, pero la pregunta persiste: ¿qué comió María Antonieta antes de morir?

Los republicanos la declararon culpable de todos los cargos

El fiscal Antoine Quentin Fouquier-Tinville la acusó, ante el Tribunal Revolucionario, de haber cometido cuatro delitos. El primero era haber “dilapidado y malgastado” el dinero de las arcas públicas. Segundo, haber mantenido una correspondencia frecuente con personas que vivían en Austria, país enemigo de la naciente república francesa.

El tercer cargo, el más grave desde el punto de vista político, vertía sobre ella la acusación de conspirar contra la seguridad tanto interior como exterior de Francia. Se decía de ella que había orquestado “una guerra civil entre las diversas provincias que formaban parte de la república”. Había incitado a que unos ciudadanos atacaran armados a otros y dicha circunstancia había provocado un baño de sangre de consecuencias incalculables.

Pero la acusación más grave y la que causó más revuelo estaba todavía por caer. La acusaron de haber cometido incesto con su hijo Luis Carlos, de apenas 8 años. Jacques-René Hébert, editor del periódico radical “Le Père Duchesne”, fue el que orquestó esta calumnia. Hizo que el niño firmara, forzado y contra su voluntad, una declaración que incriminaba a su madre. Durante el juicio, al escuchar la acusación de incesto, María Antonieta no daba crédito. Se sintió humillada, con los ojos llorosos y sin saber qué responder en un primer momento.

Su silencio reflejaba tensión en su cara y, según algunas fuentes de la época, alguien de la sala le incitó de forma insistente para que respondiera. María Antonieta se recompuso y con voz firme expresó: “Si no respondo es porque semejante acusación es tan monstruosa que no merece que diga nada. Apelo a todas las madres aquí presentes”.

Buscar la empatía de las mujeres presentes en el juicio no le sirvió de nada. María Antonieta representaba la máxima expresión del Antiguo Régimen y debía desaparecer. Así lo determinaron los hombres que formaron parte del Tribunal Revolucionario. La que fuera reina de Francia recibió la sentencia ante los vítores de los republicanos: era culpable de todos los cargos.

¿Qué comió antes de morir en la guillotina?

El juicio terminó de madrugada en el Tribunal Revolucionario que estaba presidido por Armand Martial Herman. Cuando María Antonieta supo que sería decapitada, regresó abatida a su celda de la Conciergerie. Hasta ese momento, había pasado 76 días encerrada en una fortaleza medieval que era conocida como "la antesala de la muerte". A las 5 de la madrugada, tomó caldo para desayunar. Al principio, no quiso probarlo consciente de su destino. Todo había terminado para ella. Pero ante la insistencia de Rosalie Lamorlière, una empleada que trabajaba como cuidadora en la Conciergerie, tomó varias cucharadas de forma pausada. En 1837, Rosalie dictó sus memorias al abad Lafont d'Aussonne y en uno de los pasajes confesó: “La reina apenas probó el caldo, las manos le temblaban demasiado. Me pidió que le calentara más, pero cuando se lo traje, ya no pudo comerlo”.

Atrás quedaron los días despreocupados y alegres en el Palacio de Versalles donde María Antonieta solía disfrutar de banquetes de 20 platos. Ella y su marido, Luis XVI, solían invitar a personalidades selectas de la época y sus “cenas de sociedad” podían llegar a contar con más de 5.000 invitados. Disfrutaban platos como gallina de Bresse con trufas, mollejas de ternera con champiñones y trufas, sopa de tortuga, carnes de caza y pescados del Rin. Pero ahora en la celda, justo antes de morir, María Antonieta solo recordó a una persona, su cuñada Madame Élisabeth. Decidió enviarle una carta donde quiso expresarle cómo se sentía en aquel momento. Con mano temblorosa escribió: “Es a usted, hermana mía, a quien escribo por última vez. Acabo de ser condenada, no a una muerte vergonzosa, que solo lo es para los criminales, sino a ir a reunirme con su hermano”.

¿Por qué rechazó buena parte de la comida durante su encarcelamiento?

Arresto familia real francesa Varennes 1791 María Antonieta Luis XVI
Esta pintura de Thomas Falcon Marshall escenifica el arresto de la familia real francesa en Varennes (1791).

La que fuera reina de Francia sufría hemorragias uterinas severas y esta circunstancia debilitó mucho su salud. Tenía la cara demacrada. Los médicos de la prisión dijeron que tenía muchas dificultades para retener alimentos líquidos. Antes de que la ejecutaran, le pidió a Rosalie que le diera ropa interior limpia para cambiarse. Según algunas fuentes, la sirvienta cortó su propia camisa y se la ofreció a María Antonieta para que la utilizara. No le quedó más remedio que cambiarse de ropa como pudo frente a los guardias.

Además del deterioro físico, el trauma psicológico que sufrió durante aquellos días jugó un papel crucial. La habían separado de sus hijos, durante el juicio fue acusada de incesto y, finalmente, la sentenciaron a muerte. No quería ni ver los platos de carne ni tampoco la pasta vermicelli las veces que le daban para comer. Y tiene su lógica. Ella lo interpretaba como una burla cruel de los días que vivió feliz en Versalles.

El chocolate era una de sus grandes pasiones

María Antonieta llegó a la corte francesa cuando recién cumplió los 14 años y trajo consigo sus gustos culinarios. Desde muy niña, sentía pasión por el chocolate caliente y este hábito marcó la historia del Palacio de Versalles durante su reinado.

Para desayunar le gustaba comer un brioche recién hecho, acompañado de una taza de chocolate caliente servido en una taza y coronado con una capa generosa de nata. Pero su pasión por el chocolate no solo se limitaba a las mañanas. Podía tomarlo por la tarde, de noche o incluso mientras se daba un baño.

Su pasión por el cacao llegó a tal punto que creó el cargo de "Chocolatera de la Reina" para la sirvienta encargada de prepararle su preciada bebida cada vez que su majestad lo deseara. A su vez, el maestro chocolatero inventaba para ella recetas exclusivas con ingredientes como el agua de azahar, las almendras dulces, la canela o el ámbar gris, una sustancia que se extraía de los intestinos del cachalote y a la que se le atribuían propiedades afrodisíacas.

La celda de la Conciergerie: el lugar donde pasó sus últimas horas

María Antonieta estuvo en una celda de la Conciergerie, durante 76 días, antes de ser ejecutada.
La Conciergerie junto al Sena, donde María Antonieta estuvo prisionera durante 76 días. Foto de edmondlafoto.

Ubicada en la Île de la Cité junto al río Sena, la Conciergerie era un palacio que se transformó en cárcel durante la Revolución francesa. La celda donde llevaron a María Antonieta medía aproximadamente 12 metros cuadrados. Los guardias Dufrêne y Gilbert la vigilaban día y noche sin permitirle ninguna clase de intimidad. Tanto ellos como Rosalie Lamorlière, la sirvienta de la prisión que la atendía, fueron testigos del miedo y la tristeza de una mujer que lo tuvo todo y que estaba viviendo sus últimas horas de vida.

Las paredes de la cárcel rezumaban humedad de forma constante. Esa circunstancia aceleró el empeoramiento de la salud de María Antonieta. El mobiliario de la celda se limitaba a un colchón de paja, dos sillas, una mesa de madera, un orinal y un biombo de poco más de un metro. Su único consuelo era mirar a través de la ventana con barrotes que daba al patio cuando era de día y entraban unos débiles rayos de luz que se reflejaban en el suelo y en la pared.

A María Antonieta le gustaba leer —uno de los pocos lujos que conservaba—, pero con frecuencia la interrumpían los gritos de otros prisioneros cuando eran llevados en las carretas para ser ajusticiados con la guillotina.

Verdades y mentiras sobre su última comida

La famosa frase 'Que coman pasteles' cuando el pueblo no tenía ni pan para llevarse a la boca, nunca la dijo María Antonieta. Y resulta fácil demostrarlo. Apareció escrita, por primera vez, en el libro ‘Confesiones’ que escribió el filósofo Rousseau entre 1765 y 1767, siendo publicado en 1782. En aquel momento, la que fuera esposa de Luis XVI tenía tan solo 11 años y vivía en Austria. Rousseau tampoco la señaló a ella, tan solo se limitó a mencionar de forma vaga a 'una gran princesa' sin nombre. Fue hasta 1843 —50 años después de la muerte de María Antonieta— cuando alguien del que no se guarda registro alguno, decidió que ella era la autora de la frase.

La leyenda que se ha construido en torno a la figura de María Antonieta es muy alargada y con momentos muy difusos donde reina la imaginación. Y uno de esos momentos consiste en afirmar que ella pidió un postre dulce para comerlo después del caldo. Ese dato es falso. Tampoco brindó con cava ni organizó ninguna clase de banquete con otros nobles encarcelados. El mito más cruel sugiere que los guardias envenenaron su comida. Sobre esta cuestión no hay registro documentado alguno. Tenía poco apetito como consecuencia de las hemorragias uterinas severas que sufría.

Comparación con la última cena de Luis XVI

María Antonieta momentos antes de ser ejecutada en la guillotina en octubre de 1793.
María Antonieta viste un vestido blanco y una cofia de lino. El cuadro se puede ver en el Museo de la Revolución francesa.

Hay un contraste muy notable entre la actitud de María Antonieta y la de su marido, ejecutado el 21 de enero de 1793. Luis XVI decidió que si tenía que morir, al menos que fuera con el estómago lleno. Le sirvieron medio pollo asado, verduras cocidas, vino de Burdeos y varios pasteles pequeños. Disfrutó hasta del último bocado y no dudó en repetir varios platos, algo muy distinto de María Antonieta que tan solo tomó algunas cucharadas del caldo que le sirvieron.

A Luis XVI le permitieron ser atendido por sirvientes de su propia elección en una de las celdas del Temple, una cárcel más cómoda que la Conciergerie, y tuvo incluso la posibilidad de despedirse de su familia. A María Antonieta se le negó cualquier contacto familiar y la llevaron al cadalso en una carreta abierta mientras la multitud la insultaba y la escupía. Los revolucionarios la llamaban despectivamente "l'Autrichienne" (la Austriaca), un apodo que sonaba deliberadamente como "l'autre chienne" (la otra perra).

El legado de su fallecimiento

La imagen de una reina destronada tomando tan solo algunas cucharadas de caldo antes de morir se ha convertido en un símbolo poderoso del fin del Antiguo Régimen francés. A María Antonieta se le acusaba de derrochar fortunas en fiestas y banquetes que incluían todo tipo de platos exóticos y algunos muy extravagantes. Su marido, un hombre indeciso y poco preparado para gobernar, cedía ante sus caprichos mientras Francia se hundía en la crisis económica.

Hoy, los visitantes de la Conciergerie pueden ver una recreación de su celda y la mesa donde trató de comer sin gana su última comida. Cada 16 de octubre, los monárquicos franceses depositan flores y celebran misas en su memoria. La Basílica de Saint-Denis recibe, cada año, miles de personas que acuden a visitar la tumba de mármol negro donde yacen los restos de una mujer que enfrentó su destino con un sencillo vestido blanco de muselina, sin ser consciente de que su figura se convertiría en uno de los grandes mitos de la historia.

💡 PARA RECORDAR

María Antonieta solo tomó unas cucharadas de caldo antes de que la llevaran a la guillotina el 16 de octubre de 1793. Murió a los 37 años, enferma y débil, muy lejos del lujo de Versalles donde disfrutaba del chocolate caliente y de banquetes de 20 platos.

Preguntas frecuentes

¿Qué comió María Antonieta antes de morir?

María Antonieta solo tomó algunas cucharadas de caldo sobre las 5 de la madrugada del 16 de octubre de 1793. Según Rosalie Lamorlière, la empleada que la cuidaba, la reina apenas pudo probar la comida porque le temblaban las manos. Pidió que le calentaran el caldo de nuevo, pero cuando se lo trajeron, ya no lo probó.

¿A qué hora ejecutaron a María Antonieta?

La ejecutaron en la guillotina, a las 12:15 del mediodía del 16 de octubre de 1793, en la Plaza de la Revolución (actual Plaza de la Concordia) en París. Faltaban apenas 17 días para que cumpliera 38 años.

¿Es cierto que María Antonieta dijo "que coman pasteles"?

No, es falso. Esta frase apareció por primera vez en el libro 'Confesiones' de Rousseau, publicado en 1782, cuando María Antonieta tenía solo 11 años y vivía en Austria. Rousseau mencionó a "una gran princesa" sin nombre. No fue hasta 1843, 50 años después de la muerte de la reina, cuando alguien le atribuyó la frase.

¿Por qué María Antonieta rechazaba la comida en prisión?

Sufría hemorragias uterinas severas que debilitaron mucho su salud y le dificultaban retener los alimentos en el cuerpo. Además, el trauma psicológico de estar separada de sus hijos, acusada de incesto y condenada a muerte, le quitó el apetito de golpe. Rechazaba, sobre todo, los platos de carne y pasta porque le recordaban de forma cruel sus días felices en Versalles.

¿Cuál era la comida favorita de María Antonieta?

El chocolate caliente era su gran debilidad. Desde los 14 años, cuando llegó a Francia, desayunaba chocolate con un brioche recién hecho y nata. Creó el cargo de "Chocolatera de la Reina" para que le prepararan esta bebida cuando ella quisiera. Su maestro chocolatero inventaba recetas exclusivas con azahar, almendras, canela e incluso ámbar gris.

¿Dónde estuvo María Antonieta durante sus últimas horas de vida?

Pasó sus últimos 76 días en una celda de la Conciergerie, una prisión en París conocida como "la antesala de la muerte". Su celda medía aproximadamente 12 metros cuadrados y tenía las paredes llenas de humedad. En el interior había un colchón de paja, dos sillas y una mesa. Dos guardias vigilaban a la reina día y noche sin permitirle ninguna clase de intimidad.

¿Cómo fue la última comida de Luis XVI comparada con la de María Antonieta?

El rey disfrutó de medio pollo asado, verduras cocidas, vino de Burdeos y varios pasteles el día de su ejecución (21 de enero de 1793). Comió con apetito y repitió platos. En contraste, María Antonieta solo tomó unas cucharadas de caldo. A Luis XVI le permitieron despedirse de su familia y estar en una celda más cómoda, mientras que a ella le negaron cualquier contacto familiar.

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