Por qué la rivalidad enfermiza entre Mozart y Salieri es la mayor mentira de la música clásica

Imagina por un momento esta escena: un compositor mediocre y consumido por la envidia vierte varias gotas de veneno en la taza de café de un genio de la música. El relato termina con el homicida, en su lecho de muerte, atormentado por el crimen que cometió. Le carcome la culpa y necesita, de algún modo, expiar su pecado confesando el asesinato. La historia te suena, ¿verdad? Es dramática, mantiene la tensión narrativa … y es completamente falsa.
Si no lo conoces, me refiero al relato en el cual Antonio Salieri asesinó a Wolfgang Amadeus Mozart. Todo empezó como un rumor en los salones de Viena a finales del siglo XVIII. Se especuló con que Salieri algo tuvo que ver con la muerte de Mozart, pero era todo muy vago. Sin embargo, con el transcurso de los años, la historia fue tomando forma y ganando adeptos hasta que en 1985 alcanzó su momento cumbre convirtiéndose en "verdad oficial". La culpa la tuvo la película Amadeus, ganadora de ocho Oscars, que convirtió una leyenda urbana decimonónica en una verdad cinematográfica que millones de espectadores dieron por válida.
¿Qué pasaría si te dijera que esa rivalidad enfermiza es mentira? ¿Que el supuesto asesino, lejos de destruir a un genio, se dedicó a crearlos, siendo el maestro de figuras como Beethoven, Schubert y Liszt? ¿Y si supieras que Salieri fue el tutor del hijo de Mozart tras su muerte y que enseñaba gratis a jóvenes talentos sin recursos económicos? Por último, ¿qué dirías si supieras que la prematura muerte de Mozart tiene una explicación médica documentada que nada tiene que ver con un posible envenenamiento?
La relación entre Mozart y Salieri es una historia fascinante porque mezcla la competencia profesional, el respeto mutuo y la colaboración artística. Pero también es la prueba definitiva de cómo un relato falso, si es lo bastante bueno, puede llegar a ser tan poderoso que oculte la verdad hasta hacerla casi desaparecer.
¿Quién fue Antonio Salieri?
Si tu imagen es la de un compositor mediocre dominado por la envidia, su biografía te va a sorprender. Se trata de un hombre que logró convertirse en Maestro de Capilla Imperial (Hofkapellmeister Imperial), el cargo musical con más prestigio en la Viena de la época. Mozart lo deseó y nunca lo alcanzó.
Antonio Salieri nació en Legnago, provincia de Verona, en el año 1750. Con apenas 16 años marchó a Viena y su talento llamó la atención de Florian Leopold Gassmann, compositor de ópera que trabajaba para la corte imperial. Con tan solo 24, fue nombrado compositor de cámara y director de la Ópera Italiana de Viena. Su carrera llegó a la cima en 1788, tras convertirse en Maestro de Capilla Imperial. Para hacernos una idea: es como si una misma persona ejerciera los cargos de director artístico del Metropolitan Opera, la Filarmónica de Viena y el Vaticano. Salieri mantuvo el puesto durante 36 años y sirvió a cuatro emperadores sucesivos hasta 1824.
Para ser músico, gozaba de un salario muy alto mientras que Mozart intentaba abrirse camino como podía. En ese momento, no pasaba de ser un artista que se ganaba la vida buscando encargos aquí y allá. Por tanto, era Salieri quien disfrutaba del reconocimiento internacional y la autoridad institucional a la que aspiraba Mozart.
Un catálogo que conquistó Europa
Las cifras hablan por sí solas. Salieri compuso más de 40 óperas que se representaron en los teatros más importantes de Europa como los de París, Milán, San Petersburgo y Lisboa. Su obra Europa riconosciuta se eligió para inaugurar La Scala de Milán en 1778 y para celebrar que volvía a abrir sus puertas en 2004 tras la profunda restauración que se había llevado a cabo en su interior. Este hecho demuestra la extraordinaria calidad y vigencia de la música de Salieri más de dos siglos después.
Su ópera más innovadora fue probablemente Tarare (1787). En el desarrollo de este proyecto contó con una de las grandes figuras literarias de su tiempo: el dramaturgo Pierre-Augustin Caron de Beaumarchais. Para entender su relevancia, basta decir que él fue el autor de la obra de teatro “Las bodas de Fígaro”, la misma que Mozart adaptaría para crear su famosa ópera. El éxito de Tarare fue tal que el propio Mozart, en señal de respeto y admiración, asistió a varias de sus representaciones en París.
Otra de sus obras, Les Danaïdes (1784) causó un gran impacto en París y convenció al joven Hector Berlioz para que dejara sus estudios de medicina y se dedicara a la música. Dado que la crítica parisina tenía fuertes prejuicios contra los compositores italianos, la ópera se presentó como si hubiera sido escrita por Christoph Willibald Gluck, el respetado mentor de Salieri. La estrategia funcionó y la obra cosechó un éxito extraordinario. Una vez asegurado el triunfo, Gluck reveló que la partitura era de Salieri.
Maestro de innumerables genios

Si todavía dudas de la importancia de Salieri, considera esto que ya te mencioné en la introducción: fue el profesor de Ludwig van Beethoven, Franz Schubert, Franz Liszt, Johann Nepomuk Hummel y Carl Czerny. Sí, has leído bien. Son algunos de los genios que han dado forma a la música clásica en Occidente durante los últimos 200 años. Todos ellos querían ser instruidos por Salieri porque significaba aprender del mayor experto de Europa en composición para la voz y la ópera.
Por ejemplo, Beethoven fue alumno suyo entre 1793 y 1795. Se sintió tan agradecido por ello que, tras terminar sus estudios, le dedicó las sonatas para violín Op. 12. Schubert también recibió clases particulares de Salieri durante tres años y a Liszt le impartió composición musical.
El prestigio de Salieri como profesor queda patente en los ejercicios que diseñó para Schubert. Hoy en día, siguen siendo un modelo válido de enseñanza porque muestran con qué rigor y orden era capaz de instruir a su alumno en cuestiones tan complejas como el contrapunto, la armonía y el análisis de partituras.
¿Mozart y Salieri eran amigos o rivales?
En el año 2016 sucedió algo extraordinario en el Museo Checo de la Música. Se descubrió una cantata que había permanecido oculta durante más de 200 años. Lleva por título Per la ricuperata salute di Ofelia (Por la recuperada salud de Ofelia). Lo insólito del caso no es que nadie la conociera, sino quiénes la escribieron de forma conjunta. Sí, tus sospechas van en la buena dirección: fueron Mozart y Salieri.
Compusieron la pieza en 1785 para celebrar la recuperación de Nancy Storace, la soprano estrella de la ópera de Viena. Mientras actuaba en una obra de su hermano sufrió un colapso vocal súbito y completo que le obligó a retirarse de los escenarios durante cinco meses. Piénsalo por un momento. ¿Si Salieri y Mozart se odiaban tanto, que hacían juntos componiendo música para celebrar la recuperación de la voz de Nancy Storace? Es como si Batman y el Joker se ponen de acuerdo para organizar juntos una fiesta sorpresa en honor a Superman. No tiene sentido.
Cartas que revelan admiración
La prueba más conmovedora que revela la naturaleza de la relación que ambos mantenían procede del puño y letra del propio Mozart. En una carta que escribió a su mujer Constanze, el 14 de octubre de 1791, el músico describe el entusiasmo de Salieri cuando iban de camino al teatro para asistir juntos a una representación de La flauta mágica.
"Escuchó y vio con toda su atención", escribió Mozart, "y desde la obertura hasta el último coro no hubo una sola pieza que no le arrancara un '¡Bravo!' o un '¡Bello!'". Tras la función, añade Mozart, cenaron juntos y Salieri no paraba de elogiar la obra.
Este no es el relato de un hombre describiendo a su asesino, sino la crónica emocionada de un artista que valora profundamente la aprobación de un colega al que respeta. Demuestra la alta estima que Mozart sentía por el juicio musical de Salieri.
Competencia sí, conspiración no

Por supuesto, sería ingenuo suponer que ambos compartían amistad sin sufrir roces profesionales. Ambos competían por los mismos encargos, el mismo público y el favor de los mismos mecenas en la Viena de la época. En las cartas que enviaba a su padre Leopold, Mozart se quejaba con frecuencia de las "cábalas italianas". Con esta expresión se refería a su sospecha de que el influyente grupo de músicos italianos de la corte, con Salieri a la cabeza, conspiraba en secreto para favorecerse entre ellos y obstaculizar su carrera.
En 1781, cuando Salieri fue elegido en lugar de Mozart como profesor de música de la Princesa de Württemberg —un puesto muy bien dotado económicamente—, Wolfgang volvió a escribir a su padre expresando su frustración y amargura. "Salieri y su tribu moverán cielo y tierra para impedir el éxito de mi hijo”, expresó Leopold. Pero aquí debemos entender el contexto histórico. Mozart era lo que hoy podríamos llamar un freelance y trataba de abrirse camino en un mundo dominado por los músicos italianos.
La realidad, sin embargo, contradice esa imagen de conspiración. A lo largo de los años, Salieri demostró su respeto por el talento de Mozart. Cuando en 1788 fue nombrado Kapellmeister, una de sus primeras decisiones fue volver a programar Las bodas de Fígaro, en lugar de usar su nueva autoridad para promocionar su propia música. Además, se aseguró de que se estrenara el Concierto para Piano K. 482 de Mozart y él mismo dirigió la orquesta durante la primera función. ¿Son estos los gestos de un hombre empeñado en destruir a su rival?
El gesto más revelador
Quizás la prueba definitiva que desmonta el mito de la rivalidad enfermiza entre ambos es el gesto que Salieri tuvo tras la muerte de Mozart: acogió como alumno a su hijo menor, Franz Xaver. Lo instruyó durante años, a menudo sin cobrarle por las lecciones que le daba. Imagina el escenario según el mito: el asesino de Mozart educando al huérfano de su víctima. Es tan absurdo que resulta casi grotesco. La realidad histórica refleja un comportamiento más humano y conmovedor: un colega muy prestigioso ofreciendo su ayuda a la familia de un músico fallecido de forma prematura. Se trata de un acto de generosidad que era frecuente en la comunidad de músicos de la época.
La misteriosa muerte de Mozart: la teoría del envenenamiento
El 20 de noviembre de 1791, Mozart cayó enfermo. Durante los días sucesivos empeoró con rapidez hasta que finalmente murió el 5 de diciembre. Tenía tan solo 35 años y se encontraba en su momento profesional y creativo más dulce. En aquellas fechas estaba trabajando en su Réquiem, circunstancia que añadiría un aura de misterio casi sobrenatural a su fallecimiento. El mismo Mozart pensaba que aquel encargo era una especie de premonición sobre su muerte.
Su esposa Constanze y su cuñada Sophie Haibel acompañaron al músico durante aquellos días. Ambas señalaron que el músico sufría fiebre aguda y persistente además de erupciones cutáneas que cubrían buena parte de su cuerpo. También dijeron que vomitaba con frecuencia y padecía dolores terribles de espalda. Días antes de fallecer, la hinchazón en pies y manos se extendió al resto del cuerpo haciendo imposible que pudiera moverse de la cama sin ayuda.
Sophie Haibel recordaría tiempo después el grito de dolor de Mozart cuando intentaron girar su cuerpo para que se sintiera más cómodo. Su médico, Thomas Franz Closset le aplicó compresas frías en la frente y le practicó varias sangrías, un remedio común en la época. Los médicos creían que extraer la 'mala sangre' ayudaría a curar la enfermedad, sin saber que con ello dejaban sin riego a los órganos del cuerpo, provocando un colapso llamado 'shock hipovolémico'.
Según asegura el certificado oficial de defunción, Mozart murió por culpa de una fiebre miliar aguda (hitziges frieselfieber). Este tipo de diagnóstico se utilizaba en la medicina del siglo XVIII para definir cualquier tipo de enfermedad que tuviera como síntomas tanto la erupción cutánea como las fiebres altas. Se trataba de una descripción vaga y eso alimentó la aparición de toda clase de teorías conspirativas.
Un rumor envenenó la cabeza de Mozart
Mozart no podía entender que se encontrara tan mal justo cuando había conseguido la fama que tanto anhelaba. Y esa idea le obsesionó hasta el punto de que sospechó que había sido envenenado. Cuando la fiebre dominaba su cuerpo, buscaba el consuelo de su mujer. "Estoy seguro de que me han dado acqua toffana", le confesó a Constanze. El acqua toffana era un veneno a base de arsénico muy popular en la época. "Alguien me ha dado veneno", insistía mientras el dolor le consumía.
Sin embargo, su esposa pensaba que eran ideas locas de un hombre presa de una fiebre aguda. Además, ella sabía que su marido era hipocondríaco. Pero la sospecha de Mozart tomó cuerpo cuando el periódico berlinés Musikalische Wochenblatt publicó: "Mozart ha muerto. Como su cuerpo se hinchó después de la muerte, se cree que fue envenenado". Aquella noticia infundada convirtió el delirio de un enfermo en algo real.
La ciencia desmiente el uso de veneno
En el año 2009, un equipo de investigadores de la Universidad de Ámsterdam se propuso descubrir si el rumor de envenenamiento tenía alguna base científica, por ese motivo puso en marcha el estudio epidemiológico más exhaustivo jamás realizado sobre la muerte de Mozart. Los expertos analizaron 5.011 actas de defunción que correspondían a personas fallecidas en Viena durante 1791. El objetivo consistía en buscar patrones que ayudaran a descubrir si más gente murió por culpa de los mismos síntomas que el músico. Quizá se hubiera producido algún tipo de epidemia en aquella época.
El hallazgo fue revelador: durante las semanas que Mozart permaneció enfermo en casa, se produjo un aumento significativo y poco frecuente de muertes por edema entre hombres de mediana edad. Los investigadores llegaron a la conclusión de que el músico fue víctima de una infección estreptocócica que asoló Viena en el invierno de 1791. Publicaron su estudio en “Annals of Internal Medicine”.
Los médicos sostienen que la causa de la muerte de Mozart fue producto de una serie de fallos en cadena del cuerpo. Primero, sufrió una infección de garganta por culpa de una bacteria llamada estreptococo. Dicha infección alteró el sistema inmune del cuerpo hasta que las defensas se volvieron locas y empezaron a atacar a los riñones inflamándolos. A medida que los riñones dejaron de funcionar, carecía de capacidad para eliminar el exceso de líquido que generaba el cuerpo y provocaron un fallo renal. Esta cadena explica la sucesión de síntomas que padeció Mozart: la fiebre (por la infección), el dolor de espalda (por los riñones inflamados) y, sobre todo, la hinchazón masiva de su cuerpo (el edema, causado por el fallo de los riñones).
Además, estos fallos en cadena poco o nada tienen que ver con un posible envenenamiento con arsénico porque este elemento químico provoca diarrea con sangre, dolor abdominal agudo, convulsiones y parálisis. Nada que ver con un edema.
La "confesión" que nunca existió
La bola de nieve del rumor sobre el envenenamiento de Mozart alcanzó una dimensión extraordinaria pasadas varias décadas. En 1823, Salieri era un hombre anciano que sufría demencia senil. Lo tuvieron que hospitalizar después de que intentara cortarse la garganta con una navaja de afeitar. Al parecer, en sus momentos de delirio confesó haber envenenado a Mozart. Pero se trata tan solo de suposiciones. No existe ningún testimonio documentado que reafirme tal acusación.
En cambio, sí tenemos declaraciones de lo contrario. Por ejemplo, las de Ignaz Moscheles, alumno de Beethoven, cuando fue a visitar a Salieri en el hospital. Según su relato, el anciano compositor le agarró la mano y juró: "No hay verdad en ese rumor absurdo. No envené a Mozart. Es pura maldad, pura maldad decir eso".
Y no es el único caso. Giuseppe Carpani, biógrafo de Haydn, también visitó a Salieri y después escribió una carta donde le defendía de cualquier acusación. Para ello, hizo uso del exámen médico de Eduard Guldener quien había examinado el cuerpo de Mozart y no encontró signos de envenenamiento. Por último, contamos con los testimonios de los enfermeros que cuidaron a Salieri. Aseguraron que nunca confesó crimen alguno durante el tiempo que permaneció hospitalizado.
El misterioso encargo del Réquiem

Otro elemento que contribuyó a la teoría de la conspiración fue el misterio que envolvió el encargo del Réquiem. En julio de 1791, un desconocido vestido de gris se presentó en casa de Mozart con la intención de hacerle un encargo especial: una misa de difuntos. El visitante mantuvo en secreto su identidad durante todo el tiempo que estuvo con el músico. Antes de marcharse, le dio un anticipo generoso y prometió que le daría más dinero una vez la pieza estuviera acabada.
Mozart, supersticioso y cada vez más enfermo, comenzó a especular con la idea de que estaba componiendo su propio réquiem. El hombre de gris era en realidad un enviado de la muerte. La película Amadeus sugiere que el mensajero era, en realidad, Salieri que se había disfrazado y había planeado interpretar el réquiem en el funeral de su autor: Mozart.
Pero la realidad distaba mucho de la supuesta conspiración. Aquel hombre de gris era el abogado del conde Franz von Walsegg, un noble aficionado a la música que solía encargar obras, de forma anónima, para luego hacerlas pasar como suyas. Tan solo quería el Réquiem para honrar la muerte de su esposa. Ni el abogado ni el conde tuvieron relación alguna con Salieri ni tramaron conspiraciones de ninguna clase.
La muerte de Mozart se convirtió en un mito de la cultura popular
La transformación del rumor en una obra literaria comenzó en 1830. Ese año, el poeta Alexander Pushkin vivía confinado en su casa por culpa de un brote de cólera que afectaba a Boldino y sus alrededores. Durante el confinamiento escribió cuatro "pequeñas tragedias", obras cortas pero intensas sobre las pasiones humanas. Una de ellas fue “Mozart y Salieri”.
Pushkin era consciente del tipo de rumores que circulaban sobre cómo Salieri envenenó a Mozart, pero no estaba interesado en construir un relato que se ajustara a la verdad de los hechos. Quería explorar algo distinto, más profundo: descifrar la naturaleza humana de un genio, la actitud que tiene ante él la justicia divina y la envidia de los artistas que le rodean. Y para llevar a cabo su análisis, la imaginación de Pushkin dibujó un Salieri religioso y esforzado frente a un Mozart que gozaba de un talento natural abrumador.
El Salieri del dramaturgo ruso se lamenta con estas palabras: "No es justo. ¿Por qué Dios le da el don del genio a un holgazán como Mozart, y no a mí, que he trabajado y me he sacrificado por la música toda mi vida?". Para el poeta ruso Salieri representa la techné —el arte como oficio laborioso—, mientras Mozart encarna la mousiké —la inspiración divina que fluye sin esfuerzo—.
Para justificar el carácter de su personaje, Pushkin se inventó una escena. En ella aparecía Salieri abucheando y silbando la obra “Don Giovanni” el día de su estreno en el teatro de Praga. Si nos ajustamos a la historia, el Salieri real estuvo en París cuando se estrenó la ópera. El personaje de Pushkin necesitaba un motivo que justificara el crimen que cometería después. En 1898, Nikolái Rimsky-Kórsakov convirtió en una ópera la pequeña tragedia de Pushkin, fijando en el imaginario colectivo una historia que acabaría convertida en mito tanto en Rusia como en toda Europa.
Amadeus: la consagración global del mito

Si Pushkin construyó el relato de un genio caprichoso dotado de un don divino, el dramaturgo Peter Shaffer ahondó en la idea y logró con ella fama en todo el mundo. En su obra de teatro Amadeus (1979), Salieri es un personaje anciano y loco que confiesa a un sacerdote que mató a Mozart. "Amadeus no pretende ser un documental biográfico. Es una fantasía sobre un tema real", declaró Shaffer. Y añadió después: "Obviamente Salieri no mató a Mozart. Solo un idiota creería eso después de ver la obra".
Con la película de Miloš Forman, basada en la obra de Peter Shaffer, se consagró el mito del asesinato. Cuando en 1985 “Amadeus” ganó ocho premios Oscar, incluido el de mejor película, el público ya tenía claro quién envenenó a Mozart. Salieri era el culpable y así debía aparecer en los libros de historia.
La película presenta a un Mozart que no paraba de carcajear con su risa estridente y nerviosa mientras Salieri era un célibe amargado que ofrece a Dios su castidad a cambio de la gloria como compositor musical. Por supuesto, nada que ver con la realidad. Mozart era un hombre culto, miembro de la masonería, políglota y también astuto en los negocios cuando el asunto lo requería. Por su parte, Salieri era un hombre casado y tuvo ocho hijos. Mantuvo relación con varias amantes, incluida la soprano Caterina Cavalieri, que en la película de Miloš Forman aparece como amante de Mozart.
La anatomía de una mentira cinematográfica
La película ‘Amadeus’ está llena de invenciones dramáticas brillantes pero falsas. Aquí varios ejemplos más:
- La escena donde Salieri ayuda a un Mozart moribundo componiendo Réquiem. Eso nunca sucedió. Fue Franz Xaver Süssmayr, alumno de Mozart, quien trabajó con él hasta sus últimos días de vida. De hecho, ha pasado a la historia por completar la obra de su maestro.
- Mozart componía de memoria, sin apuntar nada. Aunque el maestro tenía una memoria prodigiosa, necesitaba escribir sus notas musicales en borradores para luego corregir lo que no le gustaba.
- Salieri hizo trabajar a Mozart hasta agotarlo. La idea de que el maestro italiano encargó escribir el Réquiem para llevar a Mozart a la extenuación es el motor de la película, pero nada que ver con la realidad. El encargo se lo hizo el abogado del conde Franz von Walsegg.
- Mozart era pobre. Aunque tuvo problemas financieros, ganaba un buen salario y vivía con ciertas comodidades. Su entierro "de tercera clase" era el que solía pagar buena parte de la clase media de la Viena de aquella época.
💡 PARA RECORDAR
- Antonio Salieri fue Maestro de Capilla Imperial en Viena durante 36 años. Mozart deseó ese puesto toda su vida, pero nunca lo alcanzó.
- Salieri no era un compositor mediocre: compuso más de 40 óperas representadas en los teatros más importantes de Europa. Su obra Europa riconosciuta se eligió para inaugurar La Scala de Milán en 1778 y también para celebrar la reapertura del edificio en 2004 tras su rehabilitación.
- Mozart y Salieri colaboraron musicalmente: en 2016 se descubrió una cantata que compusieron juntos en 1785 para celebrar la recuperación de la soprano Nancy Storace. Además, Salieri asistió entusiasmado al estreno de La flauta mágica pocas semanas antes de la muerte de Mozart.
- La ciencia desmintió el envenenamiento: un estudio de 2009 de la Universidad de Ámsterdam analizó 5.011 actas de defunción de Viena en 1791 y concluyó que Mozart murió por una infección estreptocócica que causó fallo renal, no por arsénico.
- Salieri fue el profesor de Beethoven, Schubert y Liszt, tres de los compositores más influyentes de los últimos 200 años. Tras la muerte de Mozart, acogió como alumno a su hijo Franz Xaver y le dio clases gratuitas durante años.
- La película Amadeus (1984) ganó 8 Oscars y consolidó el mito de que Salieri envenenó a Mozart.
❓ Preguntas frecuentes
¿Salieri envenenó realmente a Mozart?
No, Antonio Salieri no envenenó a Mozart. Un estudio de 2009 de la Universidad de Ámsterdam analizó 5.011 actas de defunción de Viena en 1791 y demostró que Mozart murió por una infección estreptocócica que provocó fallo renal y edema generalizado. Los síntomas de Mozart (fiebre, erupciones cutáneas, hinchazón) no coinciden con un envenenamiento por arsénico, que habría causado diarrea con sangre, convulsiones y parálisis.
¿Mozart y Salieri eran enemigos?
En absoluto, aunque sí competían por los mismos encargos profesionales y el favor de los mecenas vieneses. Mozart escribió cartas entusiastas sobre Salieri asistiendo al estreno de "La flauta mágica" semanas antes de morir. Tras la muerte del genial compositor, Salieri acogió a su hijo Franz Xaver como alumno y le dio clases gratuitas durante años. Eran colegas que se respetaban mutuamente, no rivales enfermizos como muestra la película Amadeus.
¿Quién fue Antonio Salieri?
Este compositor de origen italiano, compuso más de 40 óperas que se representaron en París, Milán, San Petersburgo y Lisboa. Su ópera "Europa riconosciuta" inauguró La Scala de Milán en 1778 y también se representó cuando se inauguró el edificio tras su restauración en 2004. Fue profesor de Beethoven, Schubert, Liszt, Hummel y Czerny.
¿Cómo murió Mozart?
Falleció debido a una infección estreptocócica que desencadenó fallos en su organismo. La bacteria alteró su sistema inmune, que atacó sus propios riñones inflamándolos. Al fallar los riñones, su cuerpo no pudo eliminar líquidos, causando un edema masivo. Los médicos de la época le practicaron sangrías que agravaron su estado al provocar un shock hipovolémico. Su certificado de defunción indica "fiebre miliar aguda", un diagnóstico vago que se usaba, en el siglo XVIII, para cualquier enfermedad que se manifestara con fiebre alta y erupciones cutáneas.
¿La película Amadeus es fiel a la historia?
La película contiene invenciones como la escena donde Salieri ayuda a un Mozart moribundo para que componga el Réquiem. Eso nunca sucedió. Además, escribía en sus borradores y corregía de forma constante. Eso tira por tierra la idea de que lo hacía todo de memoria. Por último, Mozart no era pobre. Ganaba un buen salario, pero era un desastre con las finanzas. Salieri estuvo casado y tuvo ocho hijos
¿De dónde viene el mito de que Salieri mató a Mozart?
El rumor surgió en Viena a finales del siglo XVIII como una especulación sin fundamento. Cobró fuerza en 1830 cuando Alexander Pushkin escribió la obra de ficción "Mozart y Salieri", donde se exploraban los límites de la envidia entre artistas. En 1898, Rimsky-Kórsakov convirtió en ópera la obra de Pushkin ayudando a difundir el mito por toda Europa. Pero fue la película Amadeus (1984), ganadora de 8 Oscars, la que consolidó la falsa historia del asesinato.
¿Quién encargó el Réquiem de Mozart?
El conde Franz von Walsegg envió a su abogado a la casa de Mozart para encargarle un réquiem que sonaría en el entierro de su esposa fallecida. El abogado se presentó con un traje gris y sin desvelar su identidad lo que disparó la imaginación de un Mozart hipocondríaco y enfermo. La película Amadeus sugiere que Salieri era el hombre de gris, pero el dato es falso.
